miércoles, 6 de junio de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
domingo, 29 de enero de 2012
Amanecí con aquella frase en los labios, con ganas de decirla o de gritarla, pero sin encontrar el momento adecuado. Amanecí con la vergüenza en los labios por la noche anterior, porque estos rozaron un cuerpo cualquiera, abandonado a mi suerte. Y no pude hacer otra cosa que recorrer mis últimos días preguntándome cómo había llegado ahí. Pero me encontré que no fue culpa de los últimos días, ni siquiera de las últimas semanas, sino de los últimos meses. Había sido una muerta en vida en mucho tiempo. Y un sabor amargo me inundó la garganta, esa mezcla entre aliento matutino, alcohol y semen. Me entró una arcada. Era capaz de recordar el sabor de su sexo, pero incapaz de recordar el mío, mi sexo, ese que tuve antes de todo ese tiempo muerta.
sábado, 24 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011

lunes, 5 de diciembre de 2011
lunes, 28 de noviembre de 2011

En la tumba que es ahora mi memoria la veo a ella, a la que amé más que a nadie, más que al mundo, más que a Dios, más que a mis propias carne y sangre. La veo pudrirse en ella, en esa sanguinolenta herida de amor, tan próxima a mí que no podría distinguirla de la propia tumba. La veo luchar para liberarse, para limpiarse del dolor del amor, y sumergirse más con cada forcejeo en la herida, atascada, ahogada, retorciéndose en la sangre.
Veo la horrible expresión de sus ojos, la lastimosa agonía muda, la mirada del animal atrapado. La veo abrir las piernas para liberarse y cada orgasmo es un gemido de angustia. Oigo las paredes caer, derrumbarse sobre nosotros y la casa deshacerse en llamas. Oigo que nos llaman desde la calle, las órdenes de trabajar, las llamadas a las armas, pero estamos clavados al suelo y las ratas nos están devorando. La tumba y la matriz del amor nos sepultan, la noche nos llena las entrañas y las estrellas brillan sobre el negro lado sin fondo.
Pierdo el recuerdo de las palabras, incluso de su nombre que pronuncié como un monomaníaco. Olvidé qué aspecto tenía, qué sensación producía, cómo olía, mientras penetraba cada vez más profundamente en la noche de la caverna insondable. La seguía hasta el agujero más profundo de su ser, hasta el osario de su alma, hasta el aliento que todavía no había expirado de sus labios. Busqué incansablemente a aquella cuyo nombre no estaba escrito en ninguna parte, penetré hasta el altar mismo y no encontré… nada.
jueves, 24 de noviembre de 2011
martes, 1 de noviembre de 2011

domingo, 16 de octubre de 2011

Hermoso embaucador. Yonqui chupasangre. Asesino con cara de niño. Violador en serie. Pederasta libidioso. Ladron , estafador , cabron . Decadente hijo de puta , puto cabron chupapollas.
Jódete , moritficador que desafias la muerte. Que merodeas de noche mi camposanto. Abrí el feretro de mi tumba y con mi ultimo aliento consumí todo mi perfume , el jazmin que florece de noche , mi gardenia , la magnolia de mi juventud , arrancada de raiz, tiernos vastagos ... en los que alguien se ha meado . Otra vez. Tú
¿Como te atreves?...
Vacío insondable , abismo infinito , alma hueca y sombría . Centro de un universo parasitario . Me has despojado de toda emoción. De cada sensación . En un frenesí de apetito antropafago , has absorvido mi fuerza vital , desangrando el color de mi piel , la sangre de mis huesos . Incontables veces transigí con que fueras el sañudo puerco que fuistes siempre, pero ofendiste mi generosidad cuando te zambullias en la avidez. No solamente te ofreci mi cuerpo , que violentastes como si fuera un juguete desechable , sino tambien mi esencia misma, que no pudistes matar con tus contagios , pero si corromper y mancillar para siempre con tu obsceno derramamiento de sangre.
Abrumadoramente ponzoñoso , te ahogas en un entorno de nostalgia, te asfixias en antiguas heridas , cuyas emanaciones se han convertido en tu intoxicada suculencia. Te espantaba mi magia elemental, la confundias con un vudu maligno que volvistes en tu contra. Lacerado por la belleza , acusaste a la mia de ser sabotaje encubierto que precipita tu caida.
Desesperada e indigente , has aventado mis restos en el valle del desasosiego , la sinrazon . Ahí es adonde me has llevado , donde me has abandonado a mi suerte. Jurastes no dejarme nunca , pero me dejastes hace mucho , una amarga noche tras otra, estando frente a mi borracho . Enloquecido de furia, tu miedo se convirtio en aversion . Me acusastes de haber perpetrado los crimines que anhelabas haber cometido tu. Como un arqueologo inquisidor dragabas los sedimientos de mi historia pasada , cribabas los bancos de arena de toda la eternidad en busca de pruebas de mi corrupcion , que a su vez afirmas , te ha corrompido. Pero llegastes a mi ya contaminado y tu capacidad de razon me ha enviciado.
Fuerzas una repitición instantanea de mi vida en escabrosos detalles que ni siquiera recuerdo. El tribunal de tu falsa moral me condena a la espiral de Tourette de tu opinion pretenciosa , que me declara eterna culpable de los crimenes aberrantes que , secretamente , tu deseabas haber perpetrado.
Te empeñastes en que mi pasion era interesada y hedonista ; mi poder , fascista en esencia ; mi elocuencia , una maniobra de infiltracion ; mi belleza , una maldicion que empleaba contra los demas para doblegarlos a mi antojo, y que utilizaba mi sexo para manipular adicciones. Que mi fuerza venia de otro mundo. Que mi habilidad para vivir ajena a las humillantes restriciones de este mundo sometido era una fraudulenta utopia. Que mi fe en la capacidad de superar el trauma era prueba de mi ignorancia , de que no supe ver tu inmenso y catastrofico dolor. Dolor cuyo quebranto hace de ti un martir y de mi una pecadora , y adora a un dios falso cruel por el que no me dejare victimizar mas.
Me obligastes a ser testigo de tu locura; te valuleabas las sienes, machacabas tus pomulos y hacias de tu hermoso rostro una vil mostruosidad , hasta que ya no pude mirar mas . Lo llamas resarcimiento contra los espectros que te acosan . Pero el unico que te acosa eres tu mismo. Te acechas a ti mismo. Te asesinas tu propio ser . Te impacientas por morir. Tu prolongado suicidio a camara lenta se reproduce una y otra vez en un bucle infinito y previsible , un numerito de bajo presupuesto en un circo entregado al horror , mantenido por un publico de una sola persona qye no puede permitirse la admision.
Tu muerte sera mas satisfactoria , mas completa , mas honesta y justa que la tortura que tu deceso cronico me obliga a soportar. Te meastes en todo lo que soy , en cada cosa que te ofreci . Has agraviado mis ofrendas con una barbarie de brutalidad sin igual a la que ya soy inmune . Te di amparo , te procure un respiro , un aplazamiento de la ejecucion. Bombardeastes mi remanso de paz con caos y confusion , y en una fatua compasion de tu mismo rayana en la megalomania me privastes de todo lo que para mi era sagrado.
Ya solo deseo que tenses la soga , que aprietes el puto gatillo , que hundas lo bastante dentro un cuchillo que no solo seccione la arteria que conecta tu vida a la mia , sino que ademas te quite de en medio de una vez por todas . Por que si no te matas tu , tendre que matarte yo.
Hermoso embaucador . Yonqui chupasangre, Asesino con cara de niño. Violador en serie . Pederasta libidinoso . Ladron estafador , cabron. Decadente hijo de puta , puto cabron chupapollas. Jódete , Jódete , Jódete . Cabron
martes, 4 de octubre de 2011
amor,
aún no me lo quito de la cabeza,
aún golpea y retumba.
Gracias gracias gracias
por abrazarme aun cuando me tomabais por perdida,
aun cuando pensabais que ya no formabais parte de mí y
Siempre siempre siempre
aunque no pueda miraros directamente a los ojos
ni sonreíros, estaréis más cerca que nunca.
miércoles, 28 de septiembre de 2011

Segundos después, me gritaba:
―¡Socorro! ¡Eh, tú, cabrón! ¡Necesito ayuda!
Volví corriendo, pensando que se había cortado una oreja sin darse cuenta.
Pero no... intentaba llegar desde la bañera a la estantería de fornica blanca donde estaba la radio.
―Quiero esa radio maldita ―bufaba.
Se la quité de la mano.
―¡Imbécil! ―dije―. ¡Vuelve a esa bañera! ¡Deja esa radio de una puta vez!
Volví a quitársela de la mano. Estaba tan alta que resultaba difícil saber lo que tocaban a menos que conocieses Cojín Subrealista casi nota a nota... que era mi caso, por entonces. Por lo cual supe que había terminado “Conejo Blanco”. El punto álgido había llegado y pasado.
Pero al parecer mi abogado no lo entendía. Quería más.
―¡Otra vez! ―gritó―. ¡Necesito oírlo otra vez!
Sus ojos eran ahora locura absoluta, no podía centrarlos. Parecía al borde de una especie de orgasmo psíquico totalmente sobrecogedor...
―¡Ponla otra vez! ―aullaba―. ¡A todo lo que dé ese trasto! Y cuando llegue esa fantástica nota en que el Conejo se arranca la cabeza de un mordisco, quiero que tires esa maldita radio aquí a la bañera conmigo.
Le miré fijamente, agarrando con fuerza la radio.
―Ni hablar ―dije por fin―. Me gustaría mucho meter un aguijón eléctrico de cuatrocientos cuarenta voltios en esa bañera ahora mismo. Pero esta radio no. Te haría atravesar esa pared... liquidado en diez segundos.
Luego me eché a reír.
―Me obligarían a explicarlo, coño... me someterían a uno de esos interrogatorios tan jodidos para que explicara... sí... los detalles exactos. No me apetece nada.
―¡Chorradas! ―gritó él―. ¡No tienes más que decirles que yo quería Subir Más!
Lo pensé un momento.
―Vale, vale ―dije por fin―. Tienes razón. Probablemente sea la única solución.
Cogí la radio/grabadora (que estaba aún enchufada) y la puse sobre la bañera.
―Espera que compruebe si está todo aclarado ―dije―. Tú quieres que yo tire este trasto en la bañera en mitad de “Conejo Blanco”, ¿no es eso?
Se tumbó en el agua y sonrió agradecido.
―Sí, joder ―dijo―. Empezaba a pensar que iba a tener que salir para decirle a una de esas malditas doncellas que lo hiciera.
―No te preocupes ―dije―. ¿Listo?
Apreté el botón y empezó a alzarse otra vez “Conejo Blanco”. Casi inmediatamente, él empezó a aullar y gemir... otra vez a la carrera por la ladera arriba de aquella montaña, pensado que, ahora, llegaría por fin a la cima. Tenía los ojos cerrados muy fuerte y sólo le sobresalían del agua verde y aceitosa la cabeza y la punta de las rodillas.
Dejé que la canción siguiera y busqué entre el montón de pomelos maduros y gordos que había junto al lavabo. El más grande pesaba ochocientos gramos. Agarré aquel cabrón... y justo cuando “Conejo Blanco” llegaba al punto culminante, lo dejé caer en la bañera como una bala de cañón.
Mi abogado lanzó un alarido descomunal, se estiró en la bañera como tiburón detrás de carne, llenando el suelo de agua, mientras luchaba por agarrar algo.










